Experiencia diferencial: cómo se manejan los buses Scania

Por Gonzalo Di Gregorio

Respeto por el alto centro de gravedad. Asombro por el largo total. Inquietud por el tramo seleccionado para la evaluación. Todas estas sensaciones nos invadieron antes de subir a las moles que Scania dispuso para manejar en Potrerillos, Mendoza; localidad andina a la que viajamos para ser parte de su primera ronda de pruebas de buses.

El inicio

La suerte no nos pudo jugar una peor pasada para controlar nuestros nervios, ya que junto a Cristina Murua de El Expreso TV fuimos elegidos para ser los primeros en salir a la ruta. Es que a diferencia de lo imaginado, el recorrido pactado para el ensayo presentaba un desafío en sí mismo, ya que consistía de un tramo abierto pero con tránsito reducido del Camino del Perilago, apodo que toma la Ruta Provincial 82 (aquella que era paso obligado para cruzar a Chile) en el fragmento que bordea a la Ruta 7 y costea a las orillas del Lago Potrerillos. Para colmo de males, allí nos tocó comenzar con la unidad más intimidante: un doble piso de larga distancia con carrocería Metalsur ensamblada a un chasis K400 IB 6×2.

Luego de tomar el puesto de conducción y de escuchar al instructor, el primer reto fue adecuarse a los altos espejos antes de rodar, dado que toma un tiempo adaptarse a dirigir la vista hacia arriba para vigilar los extremos laterales. Ya en movimiento, el segundo cambio que debimos interiorizar fue el uso de la dirección, porque el centro de gravedad más elevado de este exponente nos obligaba a ser precisos para evitar las correcciones de trayectoria que generan bamboleos y malestar en nuestros pasajeros imaginarios.

Pasados unos minutos estos bondis inspiran un importante grado de confianza que llevan a relajarse y subir (un poco) la velocidad. Y al llegar los primeros desniveles (que eran muchos y constantes) pudimos comprobar dos elementos claves del conjunto. El primero de ellos fue el funcionamiento del Retarder, aquel freno auxiliar de Scania ubicado en la salida caja para entregar desaceleraciones más controladas y un menor desgaste de los frenos de servicio, lo que se traduce en mayor seguridad y menores costos operativos para las compañías de transporte. Este elemento otorga cinco niveles de retención, que pueden seleccionarse desde una palanca ubicada junto al volante. De esta manera, mientras más elevada era la inclinación de la bajada que nos tocaba encarar, mayor debía ser el nivel de frenado seleccionado para evitar un chapuzón en el lago.

Por el contrario, a la hora de trepar se manifestaba la excelente entrega de torque del seis cilindros en línea y 12.7 litros de cilindrada que equipaba a esta versión. El mismo eroga 400 CV y unos muy rendidores 2.100 Nm. de cupla entre las 1.000 y 1.300 revoluciones, por lo que el vehículo responde siempre con inmediatez ante cada pedido del pie derecho. Pero dicha característica no impacta solo en las reacciones y las recuperaciones del micro (que eran todavía más vivaces por no llevar carga), ya que asimismo contribuye a disminuir los regímenes de giro para reducir el consumo de combustible (uno de los principales pasivos de las empresas de transporte de larga distancia), prolongar la vida útil de sus componentes y transmitir menos vibraciones.

Enemiga íntima: la rotonda

Tras seguir recto por un par de bifurcaciones llegamos al punto de mayor tensión: el retorno hasta la base de operaciones implicaba tomar una rotonda completa para volver por el mismo camino. Allí tuvimos que doblar “pasados” para darle espacio a las ruedas internas y no morder el cordón. En estas curvas cerradas es cuando se manifiesta de forma clara esa particularidad única de conducción de los buses, que nos lleva a ubicarnos por delante del eje delantero y nos permite sobrevolar el largo voladizo por encima de los límites de giro, sin peligro de golpear las cubiertas.

La interminable extensión entre ejes no lo hizo fácil, pero el sorprendente radio de giro nos permitió salir airosos gracias a las órdenes de nuestro habituado copiloto, que nos marcaba con precisión dónde colocar cada rueda. Las maniobras finas no son mi especialidad, lo admito. Pero juro que no le pegué a ningún cordón y que la confianza en mi manejo llegó en aquel momento a niveles nunca antes experimentados…

Una vez completada la segunda rotonda, que era de dos carriles y mucho más amplia, nos detuvimos en el mirador del Perilago para estacionar. A diferencia de lo que podría ocurrir con aquellos camiones acoplados a un semirremolque, dicha tarea no resulta sumamente complicada.

La segunda vuelta

Luego de aparcar y de fundirnos en un abrazo con el instructor nos subimos al segundo rodado del evento, que también estaba vendido y se encontraba pronto a ser entregado. Se trataba de un interurbano de piso y medio, con carrocería Saldivia dispuesta sobre un Scania K 310 IB 4×2, con motor 9.3 litros de 310 CV y 1.550 Nm. de torque a 1.100 RPM. Dicha configuración está destinada a traslados de media distancia (un segmento de fuerte crecimiento desde la introducción de las low cost) y, al igual que la primera alternativa, contaba con una caja automatizada de ocho marchas (OptiCruise) y un buen equipamiento de seguridad integrado por el Retarder, los frenos ABS y el control de tracción, entre otros dispositivos.

Este producto se mostraba más simple de guiar por ser algo más acotado y poseer una altura menor. Sin embargo, su posición de manejo es bien elevada (como si se tratase de un SUV gigante) y se asemeja mucho más a la de un camión frontal.

Por dicho motivo fue que nos animamos a viajar más veloz y a prestarle mayor atención al Driver Support, la computadora a bordo que asiste y juzga en tiempo real a nuestra eficiencia en función del aprovechamiento de las inercias, la conducción en ralentí y la anticipación a las frenadas. Así, por ejemplo, durante una de las bajadas dejamos de acelerar para explotar la pendiente y logramos que el sistema nos felicite con cinco estrellas.

Dicho medio no juega un papel menor, ya que la compañía ofrece un servicio de gestión de flotas que brinda información relacionada al estado de cada vehículo, su conducción y consumo, entre otros aspectos. Además, si se contrata el servicio Driver Coaching, con estos datos se generan informes en función de la eficacia de los conductores, que pueden ser contactados por un profesional para recibir consejos.

Al día siguiente, el viaje se completó con una visita a las instalaciones de Andesmar (uno de los flamantes clientes de la firma escandinava), donde pudimos recorrer sus talleres de  mantenimiento y charlar con sus ejecutivos sobre la actualidad del sector y las particulares del transporte de pasajeros.

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