Test Citroën C4 Lounge: por el mismo camino

El modelo más comercializado del doble chevrón se renovó para continuar su exitosa senda. Condujimos su variante diesel, que a partir de su motor 1.6 HDi presenta grandes argumentos de venta.

Por Gonzalo Di Gregorio
Fotos: Omar Rojas

Nunca es fácil relanzar un auto de buen diseño, sobre todo si este representa el 20% de los patentamientos de una marca. Sin embargo, a este desafío se enfrentó Citroën para darle un lavado de cara a su producto lanzado en 2013, que no había sufrido evoluciones gracias a una estética que supo posicionarlo como uno de los medianos más armónicos.

Los cambios de esta renovación, sin embargo, exceden lo estilístico y comenzaron en el propio proceso de fabricación, ya que se convirtió en el primer proyecto del Centro de Producción de El Palomar en incorporar soldadura láser para unir su techo a los laterales. Tal mejora incrementa, según se informó, su rigidez estructural y compone un acabado superior. Asimismo, este restyling sumó equipamiento y hasta una nueva entrada de gama ligada al 1.6 VTi de 115 CV.

Su opción diésel se mantuvo sin novedades y motoriza sólo a la versión testeada, que se denomina Feel Pack y también puede asociarse al tradicional THP de 165 CV. Por encima de ambas propuestas sigue ofreciéndose la alternativa Shine, que se combina al mismo impulsor naftero y suma faros Full Led, espejos rebatibles eléctricamente, acceso y arranque sin llave y llantas diamantadas.

Diseño

Desde la cosmovisión de la terminal, las elegantes líneas originales necesitaban de un facelift para pelear con las de sus rivales más modernos y volver a ganar cuota de mercado, luego de haber vendido más de 30.000 unidades. Por eso fue que las modificaciones se concentraron casi exclusivamente en el frontal, que porta una remodelación notoria.

Con el objetivo de volverlo más sofisticado y “conceptualmente más moderno”, la casa francesa le adosó al C4 Lounge una nueva “firma luminosa” que abarca leds diurnos y acerca su trompa al family feeling de sus vehículos globales. De esta manera, sus faros crecieron en tamaño y los chevrones cromados del logo se integraron a ellos sobre un paragolpes más limpio. Lateralmente se aprecia que dicha variación aumentó en 37 milímetros la extensión de su voladizo, que ahora es algo más propenso a golpear en bocacalles profundas. Por detrás, las transformaciones apenas se redujeron a la reconfiguración interna de sus ópticas (de led en toda la gama).

Interior y equipamiento

A pesar de contar con algunas evoluciones, el habitáculo del C4 Lounge continúa siendo muy amplio, cómodo y sobrio, pero comencemos con las primicias.
Por un lado, la consola central fue replanteada para alojar una pantalla táctil de mayores dimensiones (siete pulgadas) desde la que se proyecta la cámara trasera y se controla la navegación, el audio, el climatizador bi-zona y las ayudas a la conducción. La misma puede emparentarse a un celular a través de Android Auto o Apple Carplay, y contribuyó a la eliminación de los botones y perillas que poblaban al desarrollo anterior. Sin bien este dispositivo le aporta un aire fresco al modelo y lo pone a tono con sus competidores, el ingreso a sus funciones debería requerir menos pasos y el mismo podría estar mejor integrado.

La segunda gran novedad la constituye su tablero de instrumentos, que renunció a los relojes analógicos para volver a ser completamente digital, como aquel del C4 fundacional. El mismo es muy similar al adoptado por la Berlingo y, a pesar de incluir al destacado EcoCoaching (ver siguiente apartado), recibió muchas críticas por incluir un tacómetro con forma de termómetro que es poco preciso (salta cada 500 revoluciones) y no otorga una fácil lectura.

Más allá de estos elementos, el interior del C4 Lounge no luce cambios rotundos y sigue destacándose por el confort que aportan su amplitud y sus acabados. Toda su plancha, por ejemplo, ostenta muy buenas terminaciones y está recubierta con una importante cantidad de plástico blando. Tal suavidad se encuentra también en sus reposabrazos y sus enormes y mullidas butacas de cuero sintético, que son muy ergonómicas. Además, como en todo Citroën moderno, su parabrisas voluminoso conforma un interior con mucha luz junto al techo solar.

Acceder a las plazas traseras es realmente fácil gracias a la notable apertura de las puertas posteriores. En ellas sobra el espacio gracias a una extensa distancia entre ejes y sus asientos laterales cuentan con muchísimo lugar para reposar las piernas. Lo mismo ocurre con la distancia al techo, que resulta ser más que suficiente para un adulto de 1,80 metros. Sin embargo, el elevado cojín de la quinta plaza podrá fundar algún malestar en los más altos, que también tendrán que lidiar con un respaldo más rígido por contener un apoyabrazos en su parte posterior.

El baúl corona al C4 Lounge como un coche ideal para salir a veranear, ya que otorga un volumen de 450 litros para cargar todo tipo de artilugios sin jugar al Tetris. Su destacable apertura se logra presionando los pulsadores ubicados en su interior y en la llave, ya que no incorpora botón exterior. Debajo de su piso plano se esconde un auxilio temporal, pero de dimensiones más lógicas que las habituales (205/55 R16).

La dotación de confort se completa con control de crucero con limitador de velocidad, encendido automático de luces, sensor de lluvia, toma de 12V trasera y guantera refrigerada, entre otros elementos.

Seguridad

De serie incluye un correcto equipamiento con doble airbag frontal, ABS con AFU y REF, asistencia al arranque en pendientes, controles de estabilidad y tracción, anclajes ISOFIX y Top Tether, luces diurnas de led y corner light: la función que enciende los antinieblas delanteros según el giro de la dirección para facilitar la visión.

A su vez, la unidad probada integraba bolsas laterales delanteras (disponibles desde la versión Feel), retrovisor con anti encandilamiento y airbags de cortina (incluidos a partir de la Feel Pack). Los faros Full Led, en cambio, son exclusivos de la variante tope de gama (Shine).

Motor y manejo

Su impulsor no es una joya de última tecnología y es ruidoso al regular, pero combina la receta perfecta para lograr valores de consumo y autonomía destacables. Es turbodiésel, posee una baja cilindrada (1.560 cc.), entrega su torque desde bajas revoluciones y se asocia a una caja de seis marchas y la asistencia del Ecocoaching: la cualidad del tablero que grafica nuestra eficiencia y nos indica en qué momento subir de marcha para economizar combustible. Dicho motor eroga 115 CV a 3.500 RPM y un par máximo de 270 Nm. desde las 1.500 vueltas, por lo que es placentero para el uso urbano y se muestra muy elástico (incluso permite doblar en tercera).

La transmisión de sexta, cuya selectora se mostró algo áspera, nos dejó volver a manejar un manual después de un largo período. Su funcionamiento satisfizo nuestra avidez por pasar cambios, ya que está perfectamente relacionada y hará disfrutar a aquellos que gusten de trabajar constantemente con la palanca. No es que esto sea necesario, pero su escalonamiento está precisamente ajustado y posibilita subir de relaciones rápidamente hasta la quinta velocidad. La sexta, al contrario, rara vez llega a engranarse en las calles porteñas, porque se precisa de una avenida descargada para poder seleccionarla. Su razón de ser es disminuir el giro en ruta y convertir a este HDi en una máquina para devorar kilómetros sin detenerse. Su tanque es de 60 litros y, según su computadora de a bordo, puede completar casi 900 kms. de un tirón.

Mancomunada al abundante relleno de sus butacas, su suspensión aporta un confort de marcha ameno, aunque sus llantas de 17” con cubiertas de bajo perfil transmiten al habitáculo mayores imperfecciones que sus otras de talón más cuantioso. A su vez, el control de arranque en pendientes suma comodidad al andar cotidiano, ya que su intervención resulta ser más útil al combinarse con una transmisión manual. Del mismo modo, su dirección electro asistida se percibe liviana para el día a día, aunque no llega a ser extremadamente suave.

En alta no presentó rolidos importantes y reveló una insonorización acorde a su segmento para neutralizar el sonido de su impulsor, cuyo reducido caballaje exige trepar vueltas con rebajes para lograr recuperaciones ágiles.

Conclusión

A partir de una autonomía envidiable, un consumo contenido, un gran baúl y una destacable habitabilidad, el C4 Lounge gasolero sigue vigente como una opción de peso para realizar viajes largos o pasar muchas horas dentro de él. Hace ya un largo tiempo que éste interpreta adecuadamente cómo debe ser un sedán familiar, por eso su esencia permaneció intacta a pesar de la renovación. Equipo que gana no se cambia (tanto).

Precios

Citroën C4 Lounge VTi 115 MT5 Live $488.000
Citroën C4 Lounge THP 165 MT6 Feel $566.500
Citroën C4 Lounge THP 165 AT6 Feel $583.500
Citroën C4 Lounge HDi 115 MT6 Feel Pack $595.000
Citroën C4 Lounge THP 165 MT6 Feel Pack $600.000
Citroën C4 Lounge THP 165 AT6 Shine $657.000

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