Test VW Tiguan Allspace: cambio de personalidad (Parte 1)

Probamos la versión de entrada del SUV mediano de VW, que ahora se vende en su configuración extendida de siete asientos y recibió una estética más clásica y robusta.

Por Gonzalo Di Gregorio
Fotos: Omar Rojas

Lo de afuera todavía importa. A tal conclusión llegamos después de pasearnos por Buenos Aires con el Tiguan, que tras crecer varios centímetros con su formato Allspace (único comercializado aquí) y abandonar las redondeces de la primera evolución, fue percibido por propios y extraños como un vehículo más imponente y hasta de una gama más alta. Los invitamos a descubrir en qué puntos mejoró y en cuáles otros el imaginario colectivo podría estar equivocado.

Exterior

La nueva impronta grita “¡Volkswagen!” a los cuatro vientos, ya que respeta a la perfección el manual de estilo del family feeling de Wolfsburgo. Están todos: desde las aberturas angulosas del frontal hasta el nervioso pliegue lateral que se hizo famoso con el Polo. Reclamarle extrema osadía a un diseño alemán sería pedirle peras al olmo, pero, dentro de su sobriedad, la aplicación de dicho lenguaje a un SUV genera un resultado creativo que veremos imitado en los futuros T-Cross y Tarek, los utilitarios deportivos que completarán el catálogo.

A partir de una trompa alta y más robusta que respeta el gusto estadounidense (recordemos que también se mercadea en la nación del norte), el Tiguan Allspace impone una presencia más fuerte a costa de perder cierto carisma. Además, sus grandes y musculosos planos (sorprende el tamaño de las aberturas traseras) borran todo atisbo de inocencia y exhalan mayor deportividad. Esto se divisa especialmente en nuestra porción favorita: el remate posterior, que luce un pequeño alerón y ópticas de doble altura en forma de ¿revólver? que se integran visualmente al paragolpes. Asimismo, las protecciones plásticas más generosas y el extendido balón de sus cubiertas resaltan su pinta de todoterreno de manera más notoria.

En resumen: nos gustó. Y al mercado también, ya que se vende muy bien teniendo en cuenta sus precios y rivales.

Interior y equipamiento

Puertas adentro el Tiguan Allspace mantiene el mismo planteo, aunque la variante que nos tocó conducir (Trendline 1.4 TSi) se exhibe un poco más sobria que las Comfortline/Highline al prescindir de los detalles cromados, las inserciones en “Dark Grid”, la iluminación ambiental y las butacas en cuero “Vienna” que distinguen a las versiones más costosas. Aclarado aquello, vale destacar que los impecables encastres y las finas terminaciones, sin embargo, jamás nos harán sospechar que estamos frente a una alternativa “básica” o de entrada de producto. A pesar de la presencia de múltiples tapas ciegas alrededor de la palanca, durante el test sólo lamentamos el abandono de la luminosidad que entrega el techo eléctrico (de serie en la Highline y opcional en la Comfortline).

Sólo unos pocos advertirán, asimismo, que su lugar de procedencia se trasladó desde el estado alemán de Baja Sajonia a Puebla, México, gracias a la siempre destacable calidad de fabricación azteca. La principal diferencia con respecto a la first-gen reside en la cantidad de asientos, porque en el mercado chino ya se vendía una versión con distancia entre ejes extendida (LWB, por Long Wheel Base) para responder a la demanda de aquel país. Centrémonos, entonces, en el aprovechamiento de sus siete butacas.

En cualquiera de las tres filas el Allspace se siente muy seguro, gracias a una superficie enchapada que te envuelve hasta bien arriba y deja poca altura para su área vidriada, que no es la mejor para disfrutar del paisaje exterior, sobre todo desde la tercera hilera. Ésta cuenta con un acceso reducido a pesar de las enormes puertas posteriores, y será funcional exclusivamente para niños porque abarca respaldos pequeños y no ofrece excesivo espacio para la cabeza y las piernas.

Quienes viajen allí dependerán un poco de la solidaridad de los pasajeros intermedios, que podrán regular horizontalmente sus tres plazas sin perder bienestar. En ellas la comodidad es espléndida y se puede disfrutar de la salida central del climatizador, que además contiene un puerto USB y una toma de 12v, pero los más fanáticos de los monovolúmenes podrán reprochar la falta de bandejas plegables o de una mayor cantidad de gavetas guarda objetos. Dicha característica, entre otras, acerca más al Tiguan Allspace (un SUV) al concepto de una rural que al de una minivan.

Otro punto asociado a la usabilidad está relacionado al tamaño del baúl, cuyo litraje se ve muy reducido cuando los dos últimos asientos se encuentran erigidos. Al rebatirse éstos (con una maniobra simple e intuitiva que no requiere fuerza), sin embargo, el maletero crece mucho en volumen y es muy versátil al conformar un piso plano. Por debajo se esconde el auxilio temporal, que no admite superar los 80 km/h.

Seguridad

Los últimos lanzamientos de Volkswagen tienden a compartir el equipamiento de seguridad en todas sus versiones. Aquí ocurre algo muy similar, aunque la Trendline se distancia del resto al excluir el Hill Holder (el asistente de arranque en pendientes). De todos modos, tal opción incluye el Auto Hold (la ayuda desconectable que mantiene inmóviles a los automáticos sin apretar el freno), que en la práctica lo reemplaza perfectamente.

Entre otros elementos, el listado -de toda la gama- se completa con seis bolsas de aire (frontales, laterales y de cortina), programa electrónico de estabilidad, control de tracción, frenos a disco en las cuatro ruedas con ABS, anclajes ISOFIX, cinturones de tres puntos en todas las plazas, espejos calefaccionables, sistema de estabilización de tráiler y monitoreo de la presión de los neumáticos.

Si bien Latin NCAP aún no testeó el vehículo en sus pruebas de choque, tanto el modelo alemán  impactado por Euro NCAP (un Tiguan “a secas”) como el Allspace examinado por el IIHS estadounidense obtuvieron.

Leé la segunda parte del test y mirá la galería completa desde mañana, dando click aquí.

 

 

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